sábado, 3 de octubre de 2015

Para ti


Para ti escribo porque he olvidado lo que es escribir para cualquier otra persona y para cualquier otra cosa. Escribo para ti porque eres tú quien me hace quedarme despierta contando números cuando lo que quiero hacer es dormir o colgarme de tu cuello hasta sentir que ya no tengo porque seguir con esa cuenta inútil y sin fin que amarra a mi mente lejos de lo que sea que nos separa. Escribo para ti porque hoy desperté seria recordando que mis manos no son buenas haciendo crecer plantas y lo primero que vi fue el jardín de flores multicolores que hiciste crecer en la esquina de mi cuarto. Yo sé que sabes lo mucho que me gustan las flores. También sé que de vez en cuando recuerdas cuando vivíamos en lados opuestos de aquel cuarto robándonos miradas entre personas que nada entendían de ti o de mi. Te escribo porque yo también me acuerdo de eso. Me acuerdo de tantas cosas... Me acuerdo de que fuiste el fantasma de mi Diciembre y es que tengo mil recuerdos de nosotros en un lugar donde nunca hubo un nosotros, y muchas historias que escribí deseando fuerte parar de escribirlas y no pudiendo evitar querer hacerlas realidad. Me acuerdo de tu sonrisa fácil y contagiosa cuando todo era más simple y no había más que estar en el mismo cuarto para saber que todo estaba bien. Me acuerdo de los cigarros que compartimos y de la noche en que te mostré mi lugar especial sólo para quedarnos dormidos cuando llegamos a él. Y es que sin que yo sepa cómo, te has vuelto esa mañana fría con rayos cálidos de sol que hace que no quiera salir de cama hoy, mañana... jamás. Y me sorprendo escribiendo de ti porque es la única manera que tengo de entender lo que fuimos y lo que nos hemos vuelto, y la confusión y el caos que nos ata y nos roba a nosotros de nosotros dejándonos dos extraños que no se entienden juntos, pero menos separados. Así que pienso en el huracán que eres y el la tormenta que soy y trato de recordar nuestros mejores días lluviosos y en lo bello de tener la certeza de que no hay mejor día que aquel en el que por un rato nos volvemos menos nosotros y reímos de la ridiculez de nuestro fatalismo, ése del que yo soy asidua y que tú no puedes evitar. Y entonces escribo de lo ligera que me siento y de lo fácil que se vuelve respirar y paso horas tratando de describir lo que imagino pasa por tu cabeza y adentro de tu pecho y acabo haciendo listas de lo que veo que se asoma de tus ojos deseando que en una de esas sea algo parecido a la felicidad. 
           Y así es como paso mis días, escribiendo, casi siempre para ti.